EL ORIGEN DEL PANTALON VAQUERO


En la ciudad alemana de Buttenheim de la región Bavaria, el matrimonio formado por Hirsch Strauss y su segunda mujer Rebecca Haas Strauss traían al mundo un niño llamado Loeb Strauss.
No fue hasta el año 1847 cuando Loeb, tras la muerte de su padre, no decidió buscar dicha fortuna al otro lado del charco. En el continente americano aguardaban dos hermanos, Jonas y Louis, quienes daban la bienvenida al resto de la familia Strauss compuesta por Loeb, su madre y dos hermanas.
El eco de la vieja Europa quedaba ya bastante lejos y con apenas 18 años empezaría a labrarse uno de los futuros más admirados de la historia, en un principio aprendería el oficio del comercio pasando a formar parte del negocio "J. Strauss Brother & Co". En muy poco tiempo comenzarían a llamarle "Levi", Levi Strauss.

1848 es el año en que James Marshall descubre oro en el este del país, la fiebre del oro inunda las mentes de los más jóvenes e intrépidos y Levi elige sumarse a aquellos que deciden probar suerte en California pero no como buscador de oro sino a través de un pequeño negocio de materiales y alimentos con los que abastecería a los mineros.
En Enero de 1853 se convirtió en ciudadano americano y estableció un negocio al cual puso su propio nombre; el grueso de la venta se debía a la demanda creada de la mercancía (telas recias para la confección de carpas y toldos para las carretas) del negocio familiar de Nueva York en las zonas mineras de San Francisco.

El matrimonio de su hermana Fanny con David Stern y la incorporación del mismo a la firma como socio hizo que en 1863 la compañía pasase a llamarse "Levi Strauss & Co."

La suerte de Levi vendría de la mano de una carta recibida en el año 1872 cuyo remitente, un sastre de Nevada, Jacob Davis y cliente asiduo de la mercancía de Levi, le sugiría el empleo de los materiales de su firma en la elaboración de pantalones con la genialidad de colocar remaches de metal en los rincones de los bolsillos y en la base de la mosca como refuerzo. El señor Davis argumentaba en la misma la imposibilidad de patentar él mismo la idea, exhortando a Levi a hacer uso del modesto poderío económico que había alcanzado para embarcarse en una empresa que se basaba en el concepto de compartir la patente (20 de Mayo de 1873).

Los primeros vaqueros se realizaron en dos modelos: algodón azul añil y marrón "duck", algo así como el actual Denim pero mucho menos suave y confortable. El empleo del denim sería el paso siguiente, cuando Levi decidió sustituir la loneta por un tejido de sarga en algodón que le había sorprendido por la calidad de su teñido llamada Sarga de Nimes.
A partir de la producción y venta del jean en el pequeño comercio de la costa oeste de EEUU Levi se había convertido en una persona bastante respetada en el mundo del negocio y de la cultura de San Francisco siendo constantemente abalado y respaldado por la comunidad judía debido a sus numerosas obras de caridad.

Mientras tanto, la labor de J. Davis era la de supervisar el corte y los materiales empleados por aquellos trabajadores que en sus propias casas elaboraban los primeros vaqueros; la enorme demanda llevó a la apertura de una industria en Fremont y Market Streets.

Antes de que los pantalones vaqueros o tejanos fueran azules, y antes incluso de que fueran pantalones, se daba el nombre de "jeans" a una tela de algodón tipo sarga, utilizada para confeccionar ropas de trabajo resistentes. Este tejido se fabricaba en la ciudad italiana de Génova, llamada por los franceses, Genes, de donde el nombre posterior de jeans.

Sin embargo, el origen de los pantalones vaqueros es la historia de un sastrecillo inmigrante de diecisiete años, llamado Levi Strauss. Cuando Strauss llegó a San Francisco durante la fiebre del oro, en la década de 18S0, se dedicó a vender la lona tan necesaria para las tiendas y los toldos de las carretas. Astuto observador, comprendió que los mineros pulverizaban literalmente y en muy poco tiempo sus pantalones, por lo que Strauss confeccionó algunos utilizando gruesa tela de lona. Aunque ásperos y rígidos, estos pantalones demostraron ser tan resistentes que Strauss se vio muy solicitado como sastre.

Hacia el año 1860, sustituyó la lona por una tela más suave fabricada en Nimes, en Francia. Conocido en Europa como "serge de Nimes", en América el nombre de este tejido se pronunciaba "denim", y Strauss descubrió que tiñendo de un azul índigo los pantalones, originariamente de color neutro, aumentaba de modo considerable su popularidad, ya que las manchas que caían se veían menos. Para conseguir un cómodo ajuste, los vaqueros remojaban en un abrevadero de caballos los pantalones de Strauss y después los dejaban secar al sol, para que se encogieran y quedaran a la medida.

Pero si bien estos pantalones de sarga eran muy resistentes a los desgarrones, los mineros se quejaban de que el peso de las herramientas a menudo abría las costuras en los bolsillos, y Strauss solventó este problema aprovechando una idea de Jacob Davis, un sastre judío ruso. En el año 1873 aparecieron remaches de cobre en las costuras de cada bolsillo, así como un remache en la base de la braguera para evitar que se descosiera la costura de la entrepierna cuando el minero trabajaba en cuclillas.

Sin embargo este remache en la entrepierna generó otro tipo de queja. Los mineros, que prescindían de toda ropa interior, descubrieron que al colocarse en cuclillas demasiado cerca de un fuego de campamento, el remache se calentaba hasta el punto de ocasionar una dolorosa quemadura. El remache de la entrepierna fue abandonado.

Los remaches de los bolsillos se mantuvieron hasta el año 1935, fecha en que se formularon quejas de muy distinta índole. Eran muchos los niños que en todo el país llevaban pantalones vaqueros para ir a la escuela, y las autoridades docentes informaron de que los remaches del bolsillo posterior arañaban y estropeaban irremediablemente los bancos y pupitres de madera. Así pues, los remaches de bolsillos fueron abandonados.

Los vaqueros, estrictamente utilitarios, se convirtieron por primera vez en prenda de moda en el año 1935, cuando apareció "un anuncio en la revista "Vogue". Representaba a dos mujeres de la alta sociedad ataviadas con vaqueros bien ajustados , y pregonaba una tendencia llamada "chic del Oeste". Sin embargo, poco representó esta novedad comparada con la erupción que produjo la competición entre diseñadores de pantalones vaqueros en los años setenta. Esta prenda, en otro tiempo destinada al trabajo, se convirtió en la indumentaria más adecuada para las actividades al aire libre, creando una industria multimillonaria. En el apogeo de la guerra entre los diseñadores de vaqueros, los pantalones Calvin Klein, por ejemplo, a pesar de su elevado precio, cincuenta dólares (o tal vez a causa del mismo), se vendían a razón de 250.000 unidades por semana.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ohhh k genial el artikulo me servira para un trabajo :P y x cierto la musika muy buena ^^

besos!

Quejío dijo...

Gracias, es una satisfaccion que te sirva la entrada.